Cuando hablo de mis hermanitos… Emmanuel y Javier, hablo de los amores de mi vida. Me cuesta demasiado contradecirlos, los admiro, estoy orgullosa de ellos…
Ema es pulcro, serio, algo cerrado, lógico, tiene dos años más que Javi. Ama la música, los deportes y es bueno en ambas cosas.
Javi es desprolijo, contestatario, rebelde, ama escribir, le gustan las películas clásicas de terror, de chico siempre se distinguía, es nato en él diferenciarse. Aunque ama los deportes y la música, no es bueno en la práctica, “no pretendo abrir una herida hermanito”…
Pero no siempre tuvieron 16 y 18 años, fueron chiquitos, y yo un poco también…
Resulta que mi mamá es profesora, y trabajaba desde las 19:30 a 23:30. En el lapso en que mi papá la llevaba a la escuela, yo, la hermana mayor, quedaba a cargo… y ahí comenzaba la acción. Jojojo!!!
Siempre fui algo infantil, mis hermanos pueden dar cuenta de eso, hasta el día de hoy los torturo y armo un revuelo cuando voy a ver a mi familia, con respecto a mi relación con ellos, no logro crecer.
Debo agregar el hecho de que las reglas en mi casa eran algo estrictas para lo que los hogares convencionales acostumbran. Yo no podía ver más que un programa de televisión al día, no podía cocinar jamás y no me estaba permitido limpiar a la noche. Teníamos por costumbre encerrarnos en nuestras habitaciones, mis hermanos en la suya, y yo en la mía.
En mi cuarto estaba mi verdadero mundo, mi música, mi computadora, mis libros, mis lápices para pintar, mis tesoros sentimentales…
Pero no todo es tan simple, y como era “rebelde”, hacía cosas reeee locaaas en cuanto mis padres salían.
Ponía música a todo lo que lograba gritar mi equipo. Y limpiaba rapidísimo, antes de que vuelva el Don. Yo solo quería que al otro día, a mi mamá no le costara ordenar la casa, así que velozmente arremetía contra el desorden, ordenaba la cocina, el living, el comedor, que generalmente quedaba hecho un desastre después de que mis hermanos merendaban. Sigue sucediendo eso, porque al ser “machos” no tienen que limpiar. En mi familia, por venir al mundo con un atributo particular, zafas de ser un amo de casa, y lo más osado que se les puede pedir, es que traigan la escoba o la palita del patio. Ojo que no se enojen con este improperio. Me ha pasado.
Mis hermanos ya estaban acostumbrados a mi media hora de locura.
Pero no siempre era tan enferma. En algunas oportunidades, en lugar de limpiar, me pasaba de lista y miraba tele. Que locura Dios!!!
Otras veces, realmente merecía el reformatorio, envuelta en una gran locura que me atrapaba, Cocinaba huevos fritos!!!!!! Era lo único que sabía hacer, y no aprendí eso en casa, si no cuando fui a pasar un fin de semana con una amiga, a la que si le permitían cocinar. Lo que sí, les hacía a mis hermanitos unos huevos fritos quemaditos.
En una oportunidad, algo me sucedió, fui más allá del bien y del mal, y no hice nada de eso, entré a la habitación de mis hermanitos, en ese entonces habrán tenido entre dos y cuatro años.
Resulta que Ema tenía una guitarrita chiquititita, y yo comencé a actuar, pero estaba de verdad, fuera de mí. Me gustaría que me vieran contando esta historia, porque requiere gestos, y hoy es mi quinto día de “escritora” jeje. Pero voy a intentar hacer lo posible.
Cada vez que encontraba la guitarra, me convertía en “Canura”… y ponía una cara terrible mitad loca, mitad monstruo, miraba para un costado, hablaba diabólicamente, y lo asustaba a Ema, hasta que él ya no aguantaba, y cuando iba a comenzar a llorar, yo escondía la guitarrita. Después nuevamente “la encontraba”, y volvía a convertirme. Recuerdo la mirada de miedo de Ema cuando miraba de reojo la guitarrita debajo de la cama, temía que yo la viera y me convirtiera. Angaaaaa!!!
Pero volví a encontrar la guitarrita, y me convertí, y ahí si, Ema se largó a llorar desconsoladamente…
Como les dije, tenía solo media hora a cargo. Y el tiempo para ese entonces estaba súper cumplido. No se imaginan lo que se me venia si mi papá lo encontraba a Ema llorando desconsoladamente, mi vida, 4 añitos habrá tenido como mucho… Que mala su hermana. A todo esto, Javi nos ignoraba, el se abstraía no más. Cero miedo.
Así que para calmar a Ema, solo me quedaba una opción… Le dije, No llores Emita!!! Mirá, rompo la guitarrita, y eso hice… Rompí y escondí la evidencia. Es así que los ojos gigantes, negros, y llorosos, me miraron diciéndome, bueno, te creo, pero ahora lloro porque me quedé sin mi guitarrita… Buuuaa Buaaa!!!
Y bueno, llegó mi papá, y me retaron doble, pero me lo tenía merecido che. Mis lectores ya deben odiarme después de este episodio.
Pero debía compartirlo, porque también es parte de mí.
Hoy está todo bien con Ema, no entiendo porque me quiere. Yo particularmente, lo amo con el alma.
Esto va dedicado a Ema… Con amor, de su hermanita, que lo adora!!!
La Magdalena